3.3.- JAPÓN: ¿IMPERIO DEL SOL MENGUANTE?:
Si hemos carecido de espacio para analizar la situación europea, menos aún lo tenemos para la asiática por su mayor complejidad. Tengamos en cuenta que, aunque los datos recientes indican una recuperación económica en muchos lugares de Asia, las profundas diferencias y tradiciones existentes entre ellos, que se han agravado con la crisis y con las soluciones tomadas por cada uno, no exigen un espacio del que carecemos. Aún así hay que decir que: "Todos reconocen que el ingrediente decisivo de su crecimiento es la mano de obra barata" (78), lo que nos lleva al tema de la fuerte explotación, de la débil o nula defensa sindical y al papel decisivo del Estado. Pero ciñéndonos exclusivamente a Japón, por su hegemonía innegable en el área, vemos que crisis asiática aceleró tanto las debilidades estructurales de su economía palpables desde finales de la década de 1980, que, desde entonces, no se ha recuperado sustancialmente, volviendo a caer en recesión en marzo del 2000.
Todas las medidas implementadas para salir de la crisis resultaron inútiles, sobre todo, por su impacto en la relación histórica de fuerzas clasistas: "Entre todos los cambios que se produjeron a raíz del resquebrajamiento del sistema el más llamativo fue la pérdida del empleo de por vida. Los despidos masivos eran desconocidos en Japón hasta ahora, y es ahora súbitamente se amontonan (...) Para aquellos que conservan sus empleos, la situación no es mucho mejor. Entre junio de 1998 y el mismo mes de este año -1999-, los salarios de la industria (que en las estadísticas de Japón todo más la construcción, minería y energía) cayeron un 8,5% (...) pero en Japón, como señala un experto, nadie se queja por temor a perder su empleo" (79). Una tasa de paro que en febrero del 2000 llegaba ya al históricamente increíble 4'9% de la población activa del Japón, y lo más grave e inquietante es que ese aumento imparable hasta ahora se ha dado incluso en los últimos meses cuando surgían algunos datos prometedores para la recuperación económica.
Además de esta y otras soluciones, también se rompió la histórica barrera a la entrada de inversiones extranjeras. Japón, con 122 millones de habitantes aceptó durante la mayor parte de la década de 1990 menos inversiones extranjeras que las aceptadas por cinco millones de daneses (80). La burguesía nipona destruía así otro factor más de su "capitalismo propio", lo que agudizaba la tensión entre fracciones diferentes de la clase dominante que crecen con el tiempo, algunas de las cuales comienzan a preguntarse por las causas y consecuencias de la dependencia política, tecnológica y militar de EEUU (81). Sin embargo, no pudo detener la segunda recesión en dos años porque: "el gran obstáculo de la segunda mayor economía del mundo es el estancamiento del consumo"; además, "esta situación es muy común en muchos países, incluso desarrollados, pero en Japón es un problema" (82).
¿Cómo superar esta situación?: "A corto plazo, estimular la demanda y reducir la brecha entre producción y consumo para conseguir la reactivación del ciclo económico lo antes posible. A largo plazo, fortaleceremos la producción para volver a ser una potencia exportadora", contesta un alto cargo estatal (83). Recuperar el poder de una potencia exportadora es, sencillamente, recuperar el poder imperialista que se debilitó a lo largo de la década de 1990, y que resulta vital para competir con EEUU y la UE (84), y para controlar mejor las distintas y diferentes economías locales del este de Asia. Se comprende así que Japón haya rechazado tajantemente las pretensiones que abra su estratégico mercado de telecomunicaciones a EEUU y la UE. Una de las razones niponas para negarse a liquidar su independencia en telecomunicaciones es la de asegurar y aumentar su independencia militar. Pero algunos afirman tajantemente que: "El "modelo japonés" ha terminado" (85), mientras que otros en un excelente estudio sobre la crisis global japonesa, concluyen advirtiendo que están formándose las bases objetivas de tensión social que pueden derivar, si surgen también las bases subjetivas correspondientes, hacia un endurecimiento de la lucha de clases con efectos simpáticos en toda la zona asiática y, desde allí, al capitalismo mundial, teniendo en cuenta que estamos hablando de la segunda potencia imperialista del planeta (86).
3.4.- PUGNAS, DISCIPLINAS Y CORRUPCIONES:
Pero, para comprender más profundamente las tendencias en juego y sus fuerzas, debemos tocar dos cuestiones más. Una hace referencia a las dinámicas de atracción-repulsión que caracterizan al modo de producción capitalista. Otra hace referencia a la evolución actual de la economía capitalista en el mundo entero pues estos tres grandes se mueven en un planeta cargado de contradicciones de todo tipo. Es decir, históricamente visto el problema, tanto la evolución que tan minuciosamente analiza Arrighi como la general de las contradicciones espaciales del capitalismo nos remiten, en última instancia, a: "...esa doble determinación inscrita en el concepto simple de capital: su carácter universal, civilizatorio, por un lado, y la realización efectiva de esa determinación general a través de la fragmentación en numerosos capitales particulares (y propietarios de mercancías) en relación de competencia recíproca, por el otro. El espacio socioeconómico, político e ideológico del capital es pues, en primera instancia, universal, pero al mismo tiempo es exactamente lo opuesto ya que se descompone en innumerables capitales particulares. Por lo tanto en el concepto simple de capital anidan dos tendencias encontradas: la tendencia a la universalización y a la homogeneización de la vida social en todos sus aspectos y la tendencia simultánea a la desarticulación y particularización de la misma" (87).
No hace falta decir que esta misma doble determinación azuza las reivindicaciones étnicas, etno-culturales, nacionales y estato-nacionales, de modo que la evolución del capitalismo es, desde esta visión, inseparable de la llamada "problemática nacional", aunque no podemos desarrollar este aspecto crucial ahora. En parte, esta es una de las tesis fuertes de Hobsbawm. Afirma que la globalización tiene características que le llevan a expandirse por todo el planeta, pero también padece restricciones profundas que nacen de la misma forma de la economía y de las relaciones sociales: "El proceso técnico de la globalización requiere un elevado grado de estandarización, de homogeneización, y uno de los grandes problemas del siglo XXI será comprobar cuáles son los límites de la tolerancia de esa homogeneidad, a partir de qué umbral de generan formas de rechazo, hasta qué punto la homogeneidad se puede combinar con la multiforme variedad del mundo" (88). También: "El verdadero problema es el control global. En cierto sentido, cuando empresas globales y gobiernos entran en conflicto, estos últimos deben negociar como si se las tuvieran que ver con otros Estados" (89). Como veremos en su momento, este autor hace especial insistencia en la tendencia al agravamiento en el siglo XXI de las tensiones originadas por el fracaso de los Estados-nación clásicos, los formados según modelos de finales del siglo XIX aunque se hayan desarrollado en el XX, para resolver directa o indirectamente relacionados con las identidades colectivas, étnicas y/o nacionales. Aunque luego volveremos sobre este tema, ahora queremos decir que una tendencia idéntica en el fondo es expuesta con diferentes palabras y más extensamente por M. Castells (90).
Otra de las consecuencias de esa doble determinación que ahora sí nos interesa remarcar es la de la atracción-diferenciación en y de las dinámicas económicas tanto en la formación de las empresas, asunto que Arrighi estudia muy bien, como en la imposición de nuevas técnicas y disciplinas de explotación laboral, aspecto inseparable de la forma-empresa. Por un lado, un profundo estudio sobre la historia de la empresa mundial (91), muestra cómo es imposible separar las características de las empresas concretas de las condiciones objetivas y subjetivas de su contexto sociohistórico. La experiencia de las industrializaciones asiáticas vuelve a confirmar esta realidad, del mismo modo que, por el lado negativo, las terribles dificultades de todo tipo que han frenado y detenido otras industrializaciones, también. Pero, por otro lado, no es posible entender su triunfo o su fracaso fuera del contexto mundial de lucha de clases, o, para expresarlo en los términos de U. Pipitone, fuera de la dialéctica entre los "ciclos reaccionarios" y las sucesivas "revoluciones industriales" (92). Y el desarrollo de la lucha de clases depende, además de otros factores, de las condiciones de introducción de esas nuevas empresas y de sus respectivas técnicas y disciplinas laborales. La expansión de la empresa-red (93), que está integrando y destruyendo a la anterior forma-empresa del capitalismo taylor-fordista, es inseparable de la implatación de la producción flexible y de sus tremendas consecuencias antisindicales y antiobreras. De este modo, impelidos por las necesidades económicas, las empresas concretas de esos tres bloques imperialistas deben proceder más temprano que tarde si quieren seguir compitiendo con solvencia a reformar sus unidades productivas tradicionales --Japón ya avanza en ese camino con los problemas descritos-- y a la vez endurecer la explotación laboral y, quiéranlo o no, azuzar tarde o temprano el descontento de la fuerza de trabajo social (94).
Otra fuerza que impulsa ese proceso de atracción-diferenciación, agudizándolo, es la clara tendencia al aumento de la "economía criminal" dentro del capitalismo como una de sus vitales ramas productivas de beneficios gigantescos y muy difilcilmente controlables, con efectos negativos sobre las posibilidades de conocimiento riguroso del capitalismo realmente existente (95), tema al que volveremos más adelante. Ahora nos interesa profundizar un poco en los terribles efectos destructores que tiene la economía criminal: "Podríamos describir una suerte de "secuencia lógica" que parte de la desviación de fondos originados en la esfera productiva (con rentabilidad decreciente) hacia las operaciones financieras "clásicas" (compra de títulos públicos de acciones, etc.) y de allí (a medida que estas últimas eran saturadas) hacia formas de especulación cada vez más veloces y enmarañadas (productos "derivados", etc.) para finalmente desembocar en negocios ilegales, los saqueos, etc., (desde el desmantelamiento de empresas públicas periféricas hasta el narcotráfico) (...) A casi tres años del derrumbe de los ex tigres asiáticos han pasado a un segundo plano los pronósticos acerca del progreso indefinido del capitalismo liberal, la sucesión de recesiones y colapsos periféricos. El estancamiento prolongado de Japón, el crecimiento débil de Europa Occidental (con desequilibrios sociales y económicos en ascenso) y el inminente fin de la prosperidad norteamericana podrían anunciar próximas crisis mucho más graves que las conocidas hasta ahora. Muy lejos y casi olvidada ha quedado la imagen del joven empresariado liberal transitando por un mundo pacificado sin fronteras que los gurús nos pintaban a comienzos de los 90s, ahora aparece el rostro de Al Capone dominando el ciberespacio financiero sobre la degradación de la economía productiva" (96).
3.5.- SITUACIÓN MUNDIAL: ¿HACIA LA DEPRESIÓN?:
La evolución de estas fuerzas tendencias y contradictorias se produce, empero, dentro de una totalidad envolvente y definitoria que la economía mundial en su conjunto. En las página anteriores hemos visto frecuentes referencias al contexto real de la economía planetaria, aunque no hemos podido hacer referencias concretas a China Popular y a Rusia, importantes desde cualquier punto de vista, porque la situación de la primera es complicada y compleja de definir, dependiendo el análisis de la perspectiva teórico-política que se tenga y de la posibilidad de acceder a datos fiables. La segunda está en una situación mucho más preocupante desde cualquier punto de vista que se tome. En cuanto al Tercer y Cuarto mundos hay que ser todavía más pesimistas, y no sólo por el terrible presente que padecen y el futuro que se les ha escapado ya, sino también por el fracaso estrepitoso de las estrategias del FMI y BM, es decir, de EEUU, para ayudarles a salir del pantanal: "La razón por la que muchas naciones recurren al FMI es que los Gobiernos están en bancarrota a causa de la excesiva deuda exterior. Cancelando la deuda, estos países pueden recuperar su salud económica sin el control contante del FMI. El Gobierno de los EEUU y los directores del FMI y del Banco Mundial se oponen a sus recomendaciones. En su arrogancia, creen que ellos son los que tienen que decidir el destino del mundo en vías de desarrollo a pesar de que sus programas fracasan" advierte un profesor nada sospechoso de radicalismo (97).
Visto así el panorama lo primero que hay que decir es que los anuncios triunfalistas de que tal o cual áreas económica o Estado empieza ya a "recuperarse", estos anuncios tan frecuentes, ocultan tres hechos alarmantes. El primero es que: "El progreso de ciertos indicadores macroeconómicos aclamados por los gobiernos de Brasil y de Asia son esenciales para atraer a los inversores tanto extranjeros como locales. Pero como corolario está el declive de los indicadores macrosociales para las clases asalariadas. Los recortes en gastos sociales, la reestructuración de empresas, los altos índices de interés, los salarios bajos y los programas de privatización extensos hacen "progresasr" los indicadores macroeconómicos a expensas de los trabajadores asalariados" (98).
El segundo hecho es que esa desproporción creciente tiene causas materiales estructurales, ancladas en la marcha endógena de la economía capitalista, por mucho que ahora como en 1973, se busquen culpables circunstanciales como el encarecimiento del crudo. De hecho, si algo demuestra ese encarecimiento periódico es, de un lado, su inseparabilidad como efecto de la marcha general de la economía capitalista como causa, algo que ya fue demostrado teóricamente hace tiempo (99), y de otro lado, actualmente, su empeoramiento cara al futuro (100). Por eso, cuando leemos que: "después de 20 años la tasa de crecimiento de la economía mundial pierde tendencialmente 0,1 puntos por año" (101), reforzando así afirmaciones anteriores sobre la desaceleración tendencial de la economía capitalista, debemos preguntarnos: ¿qué quiere decir esto? Pues que visto el problema a escala planetaria y en tiempo de larga duración, como hay que analizar estas cuestiones, ocurre que la economía decrece a escala mundial aunque tenga repuntes en islotes muy contados, y que, además, ese crecimiento parcial se va concentrado en determinadas áreas, las ricas, abandonando a las pobres a su suerte. Proceso es tan abrumadoramente cierto que no nos extendemos en él Como también es incuestionable el hecho tercero: el agravamiento desquiciante de la crisis ecológica que está ya a punto de transformarse en pavorosa catástrofe.
Lo segundo que tenemos que hacer es preguntarnos por las causas de fondo de lo anterior, y que no es otra, a nuestro entender, que el desarrollo de las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista, y de entre éstas las que anidan en la llamada ley de caída tendencial de la tasa de beneficio, a la que luego volveremos, y, como corolario suyo, la tendencia objetiva a suprimir trabajadores, lo que se llama "trabajo vivo" por máquina, lo que se llama "trabajo muerto". Esta tendencia es objetiva porque responde a la doble necesidad de, por un lado, atemorizar, vigilar y vencer periódicamente al movimiento obrero, expulsando a los trabajadores más concienciados o simplemente expulsando a un montón de ellos y, por otro lado, mantener la competitividad en el mercado capitalista y si es posible obtener durante un tiempo sobreganancias al haber introducido una tecnología punta poco o nada masificada. Por ambas razones, que se sintetizan en la necesidad ciega del capital para asegurar su acumulación y su valoración, se produce lo que A. Gorz ha estudiado tan detenidamente (102), y que confirma la visión histórica de Marx a la que volveremos posteriormente.
La tendencia a suprimir trabajo vivo se acelera con las innovaciones tecnológicas actualmente en curso, y todo indica que asistimos a una impresionante aceleración exponencial del instrumental tecno-científico capaz de ahorrar fuerza de trabajo Según algunos autores, no se trata sólo de simple desarrollo cuantitativo de la innovación tecno-científica, sino de que nos encontramos ya inmersos en una cualitativa transformación de nuestros esquemas praxeológicos debido a la subsunción de la materia, la vida y la mente (103) en el proceso productivo capitalista. La pregunta es entonces la siguiente: ¿creará más puesto de trabajo o los destruirá? Naturalmente dejamos de lado otras preguntas tan importantes como la anterior, como ¿qué es lo que decide si se crean o no esos puestos de trabajo? ¿cómo son esos puestos de trabajo? ¿quién decide cómo son? ¿cómo impactarán sobre la vida y la naturaleza?, etc., etc. Así que ciñéndonos sólo a la primera pregunta, y desde dentro de la dictadura capitalista -dictadura, se ha leído bien- hay que desmitificar radicalmente la falsa esperanza de que el progreso tecno-científico burgués resolverá el problema. De hecho, lo agravará, como indica B. Cassen (104) al desmentir las promesas oficiales de que el comercio electrónico por Internet -¡la pócima milagrosa!- no solamente beneficiará a las grandes empresas sino también a los pequeños comerciantes, a los tenderos de barrios, a los pequeños negocios familiares y que, por ahora, aún mantienen activos a millones de personas.
Para acabar: "La riqueza está ahí, se nos dice a veces, pero está mal repartida. El diagnóstico es insuficiente: la inversión mundial es profundamente inestable. Nunca se ha vuelto a alcanzar su tasa máxima histórica de 1973. Lentamente se va reduciendo con saltos de humor brutales que descubren una inestabilidad creciente. Se acrecienta el contraste entre un aparato tecnológico con rendimientos técnicos puntuales sin precedente y resultados económicos decepcionantes. A pesar de la rápida modernización de todos los sectores, en los años 1980 y 1990 la productividad por persona en activo aumenta dos veces menos que en los años '60. El motor tecnológico se acelera pero la máquina económica se atasca" (105).
Y además: "Hay que poner nuestras esperanzas en la diversificación y en la emergencia de nuevos sectores? La creencia en un futuro de puros servicios desmaterializados e informacionales está desquiciada, incluso ante sus partidarios más acalorados de antaño. La expansión de estas actividades no ha aportado el oxígeno económico prometido por los profetas de la era post-industrial, y menos aún la remesa de empleos que, sin embargo, algunos persisten en hacer creer. La venta a bajo precio de una serie televisiva ya amortizada, ¿tiene efectos menos depresivos que la de los juguetes de plástico? Las cifras, en su sequedad, lo dicen claramente: en los servicios, el valor añadido real por persona ocupada no cesa de disminuir a lo largo del tiempo en todos los grandes países. El alza anual de precios de éstos ha pasado de ser del más del 3% a finales de los sesenta a menos del 1,5% en los años ochenta. El empleo en los mismos sectores, según los expertos, sigue a medio plazo la curva del empleo industrial. Más aún, el comercio internacional se refiere en más del 80% a mercancías; los servicios se contentan con el resto. Los servicios humanitarios y sociales, las actividades ecológicas, alrededor de las cuales algunos buscan una tabla de salvación, no están a cubierto ni de la competencia, ni de las penurias presupuestarias de los períodos de recesión. Los años recientes así lo demuestran: los campos de competencia innovadores están lejos de crear funciones en la medida de las que por el avance de las tecnologías y de las inversiones quedan obsoletas. Parece, por lo tanto, particularmente imprudente tomar como argumento los progresos en curso en las ciencias y en los sistemas de producción para predecir nuevas auroras de la coyuntura económica" (106).
Sin embargo, desde otra perspectiva, y tras debatir y analizar cómo fue la crisis desencadenada en verano de 1997, hay quien sostiene que: "nos estamos dirigiendo hacia una época de expansión global masiva hecha posible por la globalización de la industria. Nadie esperaba la crisis final del capitalismo o la catástrofe. No obstante --y no tenga dudas sobre eso-- la crisis que acabo de mencionar fue una grave crisis. En Occidente tendimos a infravalorar su gravedad. Pero del mismo modo que todos hablamos de globalización, debemos ver también aquella crisis en términos globales, no sólo juzgándola por el efecto que haya tenido en los europeos o en los norteamericanos. Y, globalmente hablando, ha sido un hecho dramático. Ha habido países del sudeste asiático en los que la crisis produjo efectos por lo menos tan graves como los que azotaron a los Estados Unidos tras el 'crash' de 1929. ¿Qué la crisis ha sido superada? Perfecto, me alegro, Pero eso no significa que se pueda volver a creer, de forma totalmente acrítica , en una expansión sin controles. Advierto, por otra parte, que en estos momentos, a despecho de la retórica del libre comercio, asistimos a una reaparición del proteccionismo y de las disputas ligadas a él entre los Estados Unidos y la Unión Europea, y también entre los Estados Unidos y China" (107).
(78) J-L. Gombeaud y M. Décaillot: "El regreso de la Gran Depresión", opos cit pág 196.
(79) Fernando Gualdoni: El País, 14-XI-1999.
(80) P. Landers y M. M. Phillips, en The Wall Strret Journal, en Cinco Días, 25-I-2000.
(81)Bruce Cuming: "Las relaciones Japón-EEUU a revisión en la era de las sospechas", y Philip S. Golub: "El "Modelo occidental" cuestionado", ambos en "Le Monde Diplomatique", nº 42, abril 1999.
(82) Fernando Gualdoni: El País, nº 1.411, 14-III-2000.
(83) Fernando Gualdoni: El País, nº 1.417, 20-III-2000.
(84) Agencia, El País, nº 1.421, 24-III-2000.
(85) J.L. Gombeaud y M. Décaillot: "El Regreso de la Gran Depresión", ops, Cit, pág. 47.
(86) Luis Oviedo: "Japón: la depresión económica y la economía mundial!. Revista "En Defensa del Marxismo", nº 25, Buenos Aires, noviembre 1999.
(87) Leopoldo Mármora: "El concepto socialista de nación", PyP, México 1986, pág. 100.
(88) E. Hobsbawm: "Entrevista sobre el siglo XXI", ops, cit, pág. 88.
(89) E. Hobsbawm: "Entrevista sobre el siglo XXI", ops, cit, pág. 104.
(90) Manuel Castells: "La era de la información", ops, cit, Vol. 2: ""El poder de la identidad".
(91) José Luis García Ruiz (Coordinador): "Historia de la empresa mundial y de España". Editorial Síntesis. Madrdi 1998.
(92)Ugo Pipitone: "La salida del atraso: un estudio histórico comparativo". FCE, México 1994, pág. 466.
(93) B. Harrison: "En la nueva economía mundial, los pequeños y múltiples competidores (...) son socialmente 'ineficientes', profundamente 'inestables' y tienden a ser tecnológicamente 'poco evolutivos'. En su lugar, las 'redes' de producción (y de distribución) se están convirtiendo en el principio organizativo dominante", en "La empresa que viene", ops citada, pág. 160. También: Manuel Castells: "La era de la información", Ops citada, Vol. 1, "La sociedad en red", pág 179-358.
(94) Andrés Bilbao: "Modelos económicos y configuración de las relaciones industriales", Talasa Ediciones, Madrid 1999. Juan José Castillo (Editor): "El Trabajo del Futuro", Editorial Complutense , Madrid 1999. Ignasi Brunet y Angel Belzunegui: "Estrategias de empleo y multinacionales", Icaria, Barcelona 1999.
(95) Susan Strange: "Dinero Loco", ops. Cit. Págs145-161. M. Castells: "La Era de la Información", Vol.3, ops cit. Págs: 193-233. Barnet y Cavanagh: "Sueños globales", ops, cit. Págs 384-386. J-L Gombeaud y M. Décaillot: "El regreso de la Gran Depresión", ops, cit, págs 174-175.
(96) Jorge Beinstein: "La gran mutación del capitalismo. Narcotráfico, centro y periferia". En "Rebelión. Noticias", 3 de mayo del 2000.
(97) Jefrey D. Sachs: "Bajar los humos", El País-Negocios, 9-IV-2000, pág. 3.
(98) James Petras: "El imperialismo resurgente", ops, cit, pág 162.
(99) M. Massarat: "Crisis de la energía o crisis del capitalismo". Edit. Fontamara, Barcelona 1979.
(100) Nikolas Sarkis: "Petróleo: ¿el tercer shock?". Le Monde Diplomatique, nº nº 53, marzo-2000.
(101) J-L-Gombeaud y M. Décaillot: "El regreso de la Gran Depresión", ops. Cit, pág. 212.
(102) Andre Gorz: "La metamorfosis del trabajo", Edit. Sistema Madrdi 1995.
(103) Michio Kaku: "Visiones". Temas de Debate , Madrdi 1998. Xabier Durán: "Las encrucijadas de la utopía", Labor, Barcelona 1993.
(104) Bernard Cassen: "Inventar colectivamente un "proteccionismo altruísta", Le Monde Diplomatique, , nº 52, febrero-2000.
(105) J-L Gombeaud y M. Décaillot; "El regreso de la Gran Depresión", ops, cit, pág. 17.
(106) J-L Gombeaud y M. Décaillot, ops, cit, pág. 184.
(107) E. Hobsbawm: "Entrevista sobre el siglo XXI", ops, cit, págs, 94-95.